miércoles, 13 de julio de 2011

LA MITAD, según FITO PAEZ y que DON SINGULARIO adhiere

El martes 12 de julio nuestro querido payador moderno escribió una nota, con mucha bronca, en Página 12, que vamos a repetir al final.
Mientras tanto queremos opinar sobre lo dicho y las repercusiones e insultos que se produjeron al respecto.
Primero y principal quiero destacar que adhiero en todo -soy vecino aledaño a veinte cuadras de la Gral Paz y receptor de sus basuras cotidiana depositadas en el CEAMSE-
Luego, quiero preguntarles a los porteños porqué se indignan que les digan cosas sobre su proceder, cuando desde su jefe comunal, hasta cualquier otro habitante anónimo se cansan de juzgar actitudes políticas, personales, deportivas, artísticas y hasta íntimas de otros ciudadanos del globo. (Pensemos en Berlusconi, Irán, Bin Laden, Bush, Obama, Fidel, Chávez, Hebe, Diego, Evo, la vecina de enfrente, etc.)
También que les asombre y tilden a Fito, cuando nadie se molesta por otros que hasta las mayúsculas les quedan grande (lanata, gelblum, morales solá, tenenbaum, aguinis, ruiz guiñazú, majul, bonelli, grondona,)
La hipocresía está instalada en la sociedad desde la época de la Colonia: Invasiones Inglesas en adelante donde la clase "principal" alternó con los piratas y casó a sus hijas con esos jovencitos bien entrazados, -la himnista oficial Mariquita, dos veces viuda de gringos, comparó y glorificó a las tropas gringas en desmedro de nuestros vecinos mal entrazados y feos- siguiendo por los comerciantes y contrabandistas que truncaron la Revolución de Mayo, hasta aquellos que aplaudieron las bandas macacas que hicieron flamear sus banderas por la calle Florida mientras pendían de los árboles de Palermo veteranos defensores de la dignidad nacional.
Es muy interesante que esa ciudad, Babilonia la llamó un esclarecido, que tiene el monumento más grande al genocida indígena, que sus calle más larga reivindique al primer negociado(r) de la deuda externa argentina y en paralelo a una cuadra, al coronel genocida obrero. Digo que es interesante que sus habitantes, en su gran mayoría descendiente de aquellas víctimas o de los barcos que trajeron a sus abuelos hambrientos hoy reivindiquen a otro farandulero contrabandista prototípico de los responsables de nuestra debacle del fin del siglo.
Aunque los desprecio en mi fuero íntimo, acato a quienes olvidaron las villanías de sus abuelos patricios y creen que la herencia da derechos. Pero me duele como a Fito, que mis compadres llegados a aquellas callecitas de tierra que fueran los arrabales, hijos y nietos de laburantes de fábricas, de carreros y camioneros, de ferroviarios y petroleros, de changarines y estibadores, de almaceneros y carboneros, de guitarreros y bailarines, de cafiolos y burreros, hoy lograda su casita o departamento, muchos construidos con aquellos planes Eva Perón, digo me duele que en esos barrios como Mataderos, Liniers, Palermo, Soldati, Barracas, La Boca, aquellos que les cantara Castillo y Manzi hayan votado así.
Y me duele porque haciendo la plancha, usufructúan de la bonanza nacional que no vino con viento de cola, sino por la inteligencia y dignidad del mayor ministro de economía que hemos tenido en toda nuestra historia, que no fue economista y sí presidente por sólo un 22% de los que le creímos esperanzados, pero, la desprecian con hipocresía, pienso .
Estoy, como Fito, caliente e indignado porque cuando los cacerolazos nos/los acompañamos y cuando el bicentenario o la muerte de Néstor nos/los abrazamos. Hoy, al compás de los medios hegemónicos bailan cumbia con globitos de colores como si estuviéramos carnaval  
Esa mitad de porteños que Fito denosta es posible que no sea tal, sino un caudal de confundidos que el aluvión televisivo y mediático los embrolló a la hora de votar. Espero que me ayuden a revertir mi pesimismo revisionista, antimitrista, nacional y popular.
Don Singulario


Página 12 Martes, 12 de julio de 2011 
La mitad
 Por Fito Páez *
Nunca Buenos Aires estuvo menos misteriosa que hoy. Nunca estuvo más lejos de ser esa ciudad deseada por todos. Hoy hecha un estropajo, convertida en una feria de globos que vende libros igual que hamburguesas, la mitad de sus habitantes vuelve a celebrar su fiesta de pequeñas conveniencias. A la mitad de los porteños le gusta tener el bolsillo lleno, a costa de qué, no importa. A la mitad de los porteños le encanta aparentar más que ser. No porque no puedan. Es que no quieren ser. Y lo que esa mitad está siendo o en lo que se está transformando, cada vez con más vehemencia desde hace unas décadas, repugna. Hablo por la aplastante mayoría macrista que se impuso con el límpido voto republicano, que hoy probablemente se esconda bajo algún disfraz progresista, como lo hicieron los que “no votaron a Menem la segunda vez”, por la vergüenza que implica saberse mezquinos.
Aquí la mitad de los porteños prefiere seguir intentando resolver el mundo desde las mesas de los bares, los taxis, atontándose cada vez más con profetas del vacío disfrazados de entretenedores familiares televisivos porque “a la gente le gusta divertirse”, asistir a cualquier evento público a cambio de aparecer en una fotografía en revistas de ¿moda?, sentirse molesto ante cualquier idea ligada a los derechos humanos, casi como si se hablara de “lo que no se puede nombrar” o pasar el día tuiteando estupideces que no le interesan a nadie. Mirar para otro lado si es necesario y afecta los intereses morales y económicos del jefe de la tribu y siempre, siempre hacer caso a lo que mandan Dios y las buenas costumbres.
Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo. Es difícil de diagnosticarse algo tan pesado. Pero por el momento no cabe otra. Dícese así: “Repulsión por la mitad de una ciudad que supo ser maravillosa con gente maravillosa”, “efecto de decepción profunda ante la necedad general de una ciudad que supo ser modelo de casa y vanguardia en el mundo entero”, “acceso de risa histérica que aniquila el humor y conduce a la sicosis”, “efecto manicomio”. Siento que el cuerpo celeste de la ciudad se retuerce en arcadas al ver a toda esta jauría de ineptos e incapaces llevar por sus calles una corona de oro, que hoy les corresponde por el voto popular pero que no está hecha a su medida.
No quiero eufemismos.
Buenos Aires quiere un gobierno de derechas. Pero de derechas con paperas. Simplones escondiéndose detrás de la máscara siniestra de las fuerzas ocultas inmanentes de la Argentina, que no van a entregar tan fácilmente lo que siempre tuvieron: las riendas del dolor, la ignorancia y la hipocresía de este país. Gente con ideas para pocos. Gente egoísta. Gente sin swing. Eso es lo que la mitad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quiere para sí misma.
* Vecino de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

                                 ¡qué grande son!
                                                                   y que chiquitito es


PD: Comparto identicamente el parecer de otro grande:

-- El mié 13-jul-11, Prensa | Discépolo <prensa@discepolo.org.ar> escribió:

De: Prensa | Discépolo <prensa@discepolo.org.ar>
Asunto: Carta Abierta a Fito Paez (Norberto Galasso)
Para:
Fecha: miércoles, 13 de julio de 2011, 15:36
Estimado Fito:

    Comprendo tu reacción, tu bronca, tu explosión en caliente, propia de un artista. Pero así como la comprendo no la comparto. No me da ese asco ese 47% de votos macristas. Me da pena.
En todas las grandes ciudades de América Latina y de cualquier otro país dependiente, las  minorías privilegiadas utilizan todo su poder para  dominar a los sectores medios, para ponerlos de su lado, para infundirle falsedades. Jauretche lo llamaba la “colonización pedagógica”. Igual que a vos le provocaba grandes broncas, pero distinguió entre los promotores de la mentira y los engañados. Quizás los primeros le dieron asco igual que a vos, los otros le daban pena y trataba de desazonzarlos.

El fenómeno es semejante en Buenos Aires, como en  Lima o  Guayaquil y otras grandes ciudades. Hay que disputar la influencia sobre los sectores medios y destruir los mitos con los que quieren dominarlos.

Desde los letreros de las calles y los nombres de los negocios (bastar darse una vuelta por la Av. Santa Fe), desde los cartelitos de las plazas y las estatuas de los supuestos próceres, desde las grandes editoriales  y los “libros de moda”, convertidos en  best sellers por los comentarios pagos, desde la prédica  liberal en economía y la prédica mitrista en Historia, desde las geografías exóticas y los literatos que cultivan la evasión  y lo fantástico, desde la TV farandulizada y superficial, con mesas redondas de bajísimo nivel político alentada por los dueños del privilegio, desde gran parte de los periodistas vendidos al mejor postor, y académicos y catedráticos tramposos, todo ese mundo domina el cerebro de amplios sectores medios que se suponen cultos, se suponen radicalmente superiores a los “oscuramente pigmentados”, se suponen ejemplo de moral (aunque evaden impuestos, se roban ceniceros de los bares y toallas de los hoteles). Sobre ellos recae también  la literatura que Franz Fannon llamaba de “los maestros desorientadores”. Vos los conocés, los Marcos Aguinis, los Asís, los  Kovaddloff, y las peroratas con latines de aquel viejo comando civil que se llama  Mariano Grondona y tantos otros.

Pobre gente, Fito. Con todo eso que le tiran encima a la clase media, una buena parte de ella termina votando a Macri. Están presos de un engaño enorme: creen que Macri gestiona (cosa que hace mal o simplemente no hace) y que  Macri  no tiene ideología (la tiene y bien de derecha). Por otra parte fue el responsable del contrabando de autos cuando dirigía empresas de su padre, además  de las escuchas telefónicas, eliminación de becas y subsidios escolares, negociados con empresas constructoras (única explicación de las bicisendas), lo mismo que su molestia porque los hospitales de la ciudad atiendan a gente “morocha” del conurbano.

Se trata además, que cierta parte de la clase media vive  su pequeña vida: asegurarse las vacaciones para el verano, lavar el auto los domingos con más ternura que la que le dedica a la esposa, han mejorado su nivel de vida con los Kirchner y no quieren olas, que nada cambie y creen que algo habrá hecho Macri para esa mejoría que tuvieron. No les  importa que el hospital público no funcione porque tienen medicina prepaga y han sido formados en el individualismo  No les importa que en el Borda se mueran de frío porque tienen estufas de tiro balanceado, no les importa que en las escuelas públicas falten materiales porque sus hijos van a escuelas privadas donde, como “el cliente siempre tiene razón”, aprueban. Además, creen en el dios Mercado – no obstante que el mercado libre del menemismo a muchos los dejó deteriorados o fundidos- pero no comprenden a los sindicalistas y les eriza la piel cuando lo ven a  Moyano. Y bueno, son así, Fito. ¿Qué le vas a hacer?  Lo que no justifica su asco sino en un momento de bronca.

En la vida es necesario a veces tener asco y tener odio también. Eso me lo enseñó el confesor de Eva Perón, el sacerdote Hernán Benítez. Me decía: Mire m’hijo. Hay que odiar. Hay que odiar a todos los que frustraron el país, lo entregaron, provocaron miseria y represión. Yo, todas las mañanas, me doy un baño, me tomo una taza de café caliente y después me siento en mi sillón y  odio... Yo me asombraba y le decía: Pero, Padre, usted es un cristiano... Y el seguía: Sí, odio, (no asco, Fito). Odio  a la oligarquía (ya lo dijo también ese talento que es Leonardo Favio en una canción), odio a Bernardo  Neustadt, odio al almirante Rojas... Sabe después que bien me siento para el resto del día. Así hablaba un cristiano de la Teología de la Liberación.

Por eso no hay que confundir al enemigo, Fito. Si hay que tener asco, tengámoslos a los responsables del aparato mediático y cultural, los que tergiversaron la Historia y la economía, los que robaron la capacidad de razonar a muchos compatriotas, no a éstos. A estos hay que convencerlos. Con  la modestia que usaba Jauretche: Usted tiene que avivarse (vea 6,7,8, escuche a Víctor Hugo). Se lo aconsejo yo -decía-, que no me creo un vivo, sino apenas “un gil avivado”.

Hay que ganarlos, Fito. No ratificarles que pertenecen al bando del privilegio donde está la Sociedad Rural (¿cuando vieron una vaca esos que votaron a Macri?, ¿qué saben de la renta agraria diferencial?),  y decirles como operan las  grandes multinacionales y  ciertas embajadas y las corporaciones mediáticas.

 Los necesitamos, Fito. Comprendo tu bronca, la de un artista, Comprendéme a mí, desde la historia y la política.

Te mando un fuerte abrazo. Y te  digo: en octubre, ganamos lejos.
Norberto Galasso
Secretaría de Prensa
Corriente Política Enrique Santos Discépolo

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 NO HE ENCONTRADO COSAS INTELIGENTES ENTRE LOS QUE LO APEDREAN Y SÍ A MUCHOS QUE LO COMPRENDEN. 
HOY EL AMIGO MARCELO SIMÓN, AQUEL INTELIGENTE QUE NOS HIZO DISFRUTAR DESDE EL TUÉTANO AL COSQUÍN REAL Y PROFUNDO, AJENO AL MARQUETINERO DE MARBIZ.
AHÍ VA:



¿Matamos a Fito Páez y a Borges?







 Por Marcelo Simón *
Es curioso el efecto reaccionario que ha provocado el ¿exabrupto? de Fito Páez, un artista admirable.
Para entrar en tema: como provinciano, crecí en el cuasi odio a los porteños que, luego de mi mudanza a la que ahora llamamos CABA, vi desaparecer, evaporado por la calidez de sus habitantes que, como dice Luis Landriscina, a lo mejor no ayudan, pero seguro que no obstaculizan.
¿Por qué nosotros, los que nacimos y crecimos en el país interior hemos detestado más o menos veladamente a Buenos Aires? Quien sabe, por la temprana lectura de Juvenilia, donde se dice que a los provincianos nos falta esa arenillla dorada que abunda en la Capital; o porque el modelo nacional fue el del puerto, la Argentina triangular denunciada por Scalabrini; o porque en la radio nos obligaban a hablar como porteños... Como quiera que sea, parecen desmesurados y sospechosos los rechazos a la posición de Fito después del último domingo en el que Filmus ayunó y los del PRO comieron, parafraseando al escritor que citaré líneas después.
¿Es tan espantoso que un artista admirado y querido, creador extraordinario como el que nos ocupa, haya dicho que la mitad del electorado carece de swing y es egoísta? ¿Se trata de un caso único, de un ciudadano desagradecido, que hay que mandar al paredón? ¿No se le puede hacer ninguna crítica a esta orbe entrañable, frente a un episodio que nos conturba? ¿Fito Páez merece nuestro desprecio porque se pronuncia contra la ciudad o parte de ella? ¿Debemos asaetarlo como hicimos con Georgie, mal argentino, que eligió irse a morir a Ginebra, pudiendo haberlo hecho aquí? ¿Y qué hubiera dicho hoy el poeta que en las viejas casas atisbó golosamente patios y muros, el que denunció la falta de la vereda de enfrente en la incipiente Gran Aldea, si ve que Jacinto Chiclana debe caminar ahora por Palermo Hollywood? En fin, igual que a Páez, ¿deberíamos hacer morir de nuevo a Jorge Luis porque confesó que a su ciudad no lo une el amor sino el espanto?
Desde el nacimiento de la cultura de Occidente viene ocurriendo que los hombres y las mujeres de la democracia critican a mamá ciudad, lo cual no sólo no está mal, sino que francamente luce muy bien: la política comenzó en las polis, con sus habitantes manifestándose y no siempre a favor, desde la alborada helénica hasta el pedemonte cuyano. Jorge Marziali, cantor y periodista mendocino, describió alguna vez a su ciudad como “Individual, moderna aldea, fina y sensual y a veces fea, (que) camina lento con un lastre de moral de otros momentos”.
Mujica Lainez contó –seguramente en base a las crónicas de Ulrico Schmidell– que en la naciente Buenos Aires sus fundadores incurrieron en episodios de canibalismo.
Así es que déjense en joder estos más o menos espontáneos custodios de la moral pública persiguiendo a artistas que ejercen el derecho a la puteada. Miguel Cantilo canta: “Yo adoro a mi ciudad aunque su gente no me corresponda cuando condena mi aspecto y mis ondas con un insulto al pasar”.
Da un poco de vergüenza ver tanta mojigatería. En este caso, los indignados parecen señoritas antañosas cuidando una virginidad apolillada que ojalá puedan entregar de manera más divertida.
* Periodista especializado en música popular. Director de Radio Nacional Folklórica.

Página 12, 15 de julio de 2011



jueves, 19 de mayo de 2011

LIBRETA DE APUNTES, glosa sobre El Hombre que está Solo y Espera de Raúl Scalabrini Ortiz

Este artículo fue publicado en el períodico Informaciones Semanales de San Martín (PBA) el sábado 21 de mayo de 2011

Libreta de Apuntes
-¿Cómo le va don Singulario? Hoy se vino con la libreta del almacenero, me parece…
-La semana pasada estuvimos comentando a don Raúl Scalabrini Ortiz con aquella genialidad del hombre esperanzado. Al releer su libro encontré un capítulo dedicado a sus apuntes, donde acota que «esto es más vida, porque es menos sistemático». Había volcado pensamientos y vivencias que probablemente anotara durante esos cortos treinta y tres años que llevaba al momento.
-¿Sabe que siempre me intrigaron esas libretitas que llevan ciert@s ñat@s y en cualquier momento anotan algo? Me preguntaba cuán interesante serían…
-Es, probablemente, la filmadora interior hecha papel. Descubren una maravilla cualquiera y no la quieren perder, la describen y la guardan. Con el tiempo desempolvan esa imagen y se dan cuenta que ya forma parte de sus rutinas. Si es escritor la vuelca en un texto, si músico, escultor o pintor en su obra, reformulada y ciertamente que fiel en el fondo.
-No se ponga a filosofar y vaya al grano ¿qué encontró en aquella libreta?
- Definiciones y enunciados de los más variados: sobre personas, situaciones, objetos, pensamientos, etc., en las cuales tomando como referencia una palabra o nombre, desarrolló sus opiniones. Comienza definiendo a Macedonio, como el primer metafísico de Buenos Aires y el único filósofo auténtico…
-Me imagino que se refiere a don Macedonio Fernández, que tanto nombra el gran Jorge Luis Borges…
-Esa calificación es suya. Borges y don Raúl fueron contemporáneos y admiradores del metafísico, sin embargo siguieron caminos muy diferentes y yo evoco al que me emociona. Aparece en su libreta el título “Amigos del arte” y dice «Son amigos del arte extranjero, por lo visto. Sus entradas y subvenciones las dispensan en onerosas conferencias de literatos extranjeros. Diez mil, veinte mil pesos a cada uno. Mientras tanto los escritores argentinos se mueren de hambre. ¿Cómo somos de rumbosos, no?»
-Don, Ud. nos contó que fue escrito hace ochenta años, sin embargo parece una crónica de la última Feria del Libro…
-Sigue escribiendo en su libreta “Sentido agropecuario”: «El dinero es respetable en sí mismo, pero no sus tenedores. “Hijo de bolichero”, “Hijo de ferretero”. A nadie se le ocurre menoscabar a un tipo diciéndole: “Hijo de chacarero” o “Hijo de ganadero”. El único dinero aristocrático es el agropecuario»
-A mi vieja le decían “la hija del aceitero” porque mi abuelo cortaba mezclas de aceite comestible…
-El escritor reflexiona «En los días de pesadumbre, esos días en que uno se derrite en una tristeza de rumiante, me gusta zambullirme, anegarme, en esa corriente humana que ambula por las calles, abandonarme a sus flujos y reflujos, a sus vaivenes: disolverme en ella» rotulándola “Me dijo el hombre”
-Eso sería en aquella época, ahora hay que andar con cuidado, es muy peligroso andar por la calle…
-Supongo que escucha radio diez o mira TN, piense en el bicentenario o la muerte del Flaco, millones caminando –alegres o tristes– por todo el país, ¿recuerda algún incidente?
Continúa cavilando con títulos como “Timberos”, “Estado de ánimo”, “Abstención”, “Arbitraje”. En “Simplicidad” opina: «Es difícil ser simple. El campesino enriquecido es el individuo más tontamente fastuoso. Su fasto es el afán de restregar su dinero en las narices de todo el mundo. [...] Reencontrar la simplicidad es la tarea a que se aboca el que ya encontró la opulencia. Simplicidad no es anemia, es una sinceridad que tiene los medios de expresarse. Todos los pobres son simples hasta que se enriquecen. Entonces se complican. Lo denotador de una grandeza es la simpleza en el poderío»
-¡Qué profunda reflexión don Singu! Muchas veces lo he pensado al encontrarme con esos pelagatos venidos a más en la época del “déme dos”. Carlitos –el bueno– cantaba “Farabute ilusionado por la mersa de magnates / que enfarolan su presencia con suntuosa posición”
 -Mientras leía aquellas meditaciones, como usted, paseaba por mil distintas evocaciones… Déjeme que le lea esta otra sentencia «Es curioso. El cristianismo que fue religión de pobres y de sencillez ha terminado en religión de ricos, suntuosa y ornamental»
-Sin palabras, don, ¿qué título le puso?
- “Evolución”; justamente él, cuya prosapia viene de la alcurnia colonial por parte de su madre Ortiz, apellido que evoca conquistadores y fundadores de ciudades y de un padre de rancia aristocracia vaticana con un tío cardenal. Pero no se la creía. Sigamos con la libreta, en “Ataque” define: «El arquetipo norteamericano es un ser rudimentario y despreciable. Es un troglodita que anda en aeroplano». Y siguen “Trasnochada”, Creencia”, “Principios”, “Revisión”. Cuando aparece “Pasión” precisa: «Hay una pasión que nos ennoblece y agranda. No importa el objeto de esa pasión. Lo demás…lo demás es duro de calificar»
-¡Desde esa época ya se metían con los norteamericanos! Yo creo es por envidia, su tecnología sirve para cuidar al mundo de fanáticos como Osama. Y en cuanto a eso de pasión, pa’ mi rima con crispación…
-Ud. como muchos está entre los incalificables. Como se nos acaba el espacio enumeramos unas poquitas más: “Éxito”, “Soledad”, “Aviso”, “Desilusión”, “Inmigrantes”, “Delito” y nos detenemos en  “Dogmas”: «No señores, nada de dogmas ni de teorías importadas. ¿Qué es eso de librecambio o proteccionismo? ¿Se piensa sacrificar la posible solución de un problema a una palabra?»
-Otro aserto que me lastima don, esas palabras que embadurnan y califican, pertenecientes a teorías y escuelas foráneas que repiten quienes las  aprendieron en Londres, Moscú, París, Chicago o Harvard…  Nadie recuerda ni estudia al Belgrano economista.
-El prócer me da pie para cerrar la nota con el final en mayúsculas de aquel capítulo del libro que nos ocupa, “El Hombre que está solo y espera”
«La historia argentina está llena de arquetipos maravillosos, en que el espíritu de la tierra se encarna sucesivamente. Hay uno, el más grande, en que la índole argentina es más neta. Fue débil para consigo mismo –era opiómano– pero en la tutela del espíritu de su tierra hizo proezas casi sin parangón en la historia universal. Era humano para juzgar y benigno con los demás hombres. Nunca tuvo ambición personal. Era sencillo y casi humilde. Renunció a la gloria en plena gloria. Fue glorioso sin proponérselo, resignadamente: porque el espíritu de la tierra se lo exigía. Se llamaba Don José de San Martín. De una vez por todas dio una orden que debemos acatar por siempre:
SERÁS LO QUE DEBAS SER
Y SI NO, NO SERÁS NADA »
La imagen de la tapa del libro corresponde a una impresión en tricomía, especialmente diseñada por José Sebastián Tallón, y es una magistral interpretación plástica del Hombre de Corrientes y Esmeralda

EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA - SCALABRINI ORTIZ -

La imagen inferior corresponde a la tapa del libro, edición de 1941, de la editorial Reconquista

donsingulario@hotmail.com             http://donsingulario.blogspot.com/  

EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA, glosa sobre Raúl Sacalabrini Ortiz

Este artículo fue publicado en el períodico Infarmaciones Semanales de San Martín (PBA) el sábado 14 de mayo de 2011

EL HOMBRE QUE ESTÁ SOLO Y ESPERA

- Don Singulario, que digamos no anda muy original con el título de la nota…
-Así bautizó el insigne Raúl Scalabrini Ortiz, al hombre de Buenos Aires. En sus dichos lo “ubicó en esa encrucijada” de Corrientes y Esmeralda, “polo magnético de la sexualidad porteña”. Es un libro que escribió de un tirón –en setiembre festejará la friolera de ochenta años, más de 20 ediciones y siempre actual– cuando sólo tenía treinta y tres pirulos.
-No sabía que se trataba de un libro, siempre lo tomé como la expresión de un lugar común…
-Rutinariamente en las conversaciones parloteamos con lugares comunes que transformamos en objetos útiles...
-Estoy pensando en “civilizados y bárbaros”, “alpargatas sí, libros no”, “extranjeros y  cabecitas negra que se vuelvan a sus pagos”…
-Su observación me obliga a rectificar lo de útiles, a veces se transforman en zonceras que repetimos como loros, después las creemos. Pienso en don Arturo Jauretche y su Manual de Zonceras Argentinas, hoy de moda.
-¿Y cuál fue el motivo que lo llevó a ese libro?
-Le cuento que, junto a Hernández Arregui, el gordo Cooke, el colorado Ramos y “Pepe” Rosa, fueron los que más influyeron en mis años juveniles. Eduardo Galeano con un relato, que tiene mucho de actualidad me transportó nuevamente a releerlos:
«El general mexicano Francisco Serrano fumaba y leía, hundido en un sillón del casino militar de Sonora. El general leía el diario. El diario estaba cabeza abajo. El presidente, Álvaro Obregón, quiso saber: -¿Usted siempre lee el diario al revés? El general asintió. ¿Y se puede saber por qué? -Por experiencia, presidente, por experiencia»
-¿Sabe don Singu que esa anécdota pinta algo cada vez más evidente? Las noticias son nebulosas: presenciamos un hecho casual y luego leemos o vemos cualquier cosa diferente sobre el mismo. Usando lugares comunes se lo recorta de tal forma, cuando no se lo inventa, que termina desnaturalizándose. Quizá dándolas vuelta…
-De eso estamos hablando. Dos noticias en estos últimos días podrían ser ejemplarizadoras. La llegada de un premio Nobel de literatura –apostilla, ¡qué desvalorizados están!– levantó una polvareda mediática que nada tiene sobre su excelente novelística. La otra es la presencia de agentes de una entidad (SIP) preocupada por la libertad de prensa en este país donde cualquiera dice y escribe lo que se le ocurre, desde la crónica mentirosa hasta el más desfachatado insulto, sin temor alguno. 
-Súmelo al casamiento real gringo. Entre los tres –que ocuparon más espacio televisivo que el mismísimo campeonato de fútbol con Maradona– tuvieron opinadores de toda laya.
-Don Raúl, luchador empedernido por la argentinidad en contra del cipayaje nos ofrece dos bellos ejemplos de su prosa:
«Las emisoras de radio que pertenecían al gobierno serán repartidas al voleo. Suponemos que muchas irán a caer a manos de consorcios extranjeros. Pero ese destino no desvela al ministro de Comunicaciones. A él no le interesa más que destruir un “concepto retrógrado y totalitario”. El concepto retrógrado y totalitario, según el ministro es el monopolio, o aun el predominio del gobierno en el campo de la radiotelefonía. ¿El ministro ignora que en Gran Bretaña la radiotelefonía es un monopolio del Estado? ¿Ha querido insinuar con esa definición que el de Gran Bretaña es gobierno totalitario? [...] Afirma Herodoto que los antiguos gobernantes persas resolvían los asuntos públicos en dos períodos sucesivos. Los abordaban primero mientras bebían, por lo general de noche. Con la euforia del alcohol los detalles se esfuman, las dificultades se salvan. Al día siguiente volvían a reconsiderar los mismos asuntos para moderar, corregir, atenuar o anular las decisiones adoptadas bajo la influencia del vino. Estos funcionarios que nos ha impuesto la revolución liberticida parecen estar en la primera etapa de los persas [...]»
-Hay quienes siguen igual… ¿Cuándo escribió eso, don?
-Lo tomé de una carta – atesoro el recorte– que publicó la revista “Qué” el 12 de marzo de 1958, durante el gobierno fusilador, haciendo mención a las entregas que estaban haciendo a “tambor batiente que es el compás que corresponde a un gobierno militar” de bienes nacionales (especialmente los medios, como radios y periódicos).
Y viene al caso toda vez que el último casamiento real británico –esponsoreado y filmado por la BBC– fue trasmitido casi en “cadena oficial” por aquellos medios privados de comunicación a toda hora durante varios días, adquiriendo a su Graciosa Majestad los derechos reservados y pagado en divisas.
-¿Qué importancia tiene eso, don Singu? ¡Ud. ve cada cosa!
-Muy poca en cuanto a que cada canal elige su programación “a piacere”. Excepto que eso ocurrió exactamente cuando aquí se conmemoraba el aniversario del infame hundimiento del “Belgrano”, careciendo de total repercusión periodística. En tanto la TV inglesa le recordó al mundo que el príncipe se trasladaría –luego de su luna de miel–  a las “Falklands” para operar con la RAF (Real Fuerza Aérea) reforzando su dominio pirata y comunicacional.
-No me había percibido. ¿Don Singu, quiere decir que nos desinforman a propósito por razones geopolíticas?
-¿Lo cree? Sigamos por otro lado. Entre las expresiones comunes usted mencionó un destino viable para paisanos y vecinos. Fíjese cómo el vate pintó al personaje que esperaba en soledad.
«El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el vértice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual. [...] Por todos los ámbitos, la república se difumina, va desvaneciéndose paulatinamente. Tiene sabor peruano y boliviano en el norte pétreo de Salta y Jujuy; chileno, en la demarcación andina; cierta montuosidad de alma y de paisaje en el litoral que colinda con el Paraguay y Brasil y un polimorfismo sin catequizar en las desolaciones de la Patagonia. [...] está en el centro de la cuenca hidrográfica, comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye a él, y todo emana de él. Un escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San Juan, rodando en los cauces algún día llega a Buenos Aires. [...] está en el centro mismo, es el pivote en que Buenos Aires gira. [...] Se le desconocía, porque el conocimiento es casi una verbalidad, y los hombres que podían metrificar su voz se irritaban la garganta amaestrando oraciones extranjeras o evaporaban sus propósitos en un silencio lleno de mañanas que perezosamente se trocaban en ayeres.»
-Era un lírico evocando a ese arquetipo con el cual me identifico, don Singulario. ¡Qué difícil es para nuestro hombre, subsistir a la ofensiva permanente de los medios desinformantes, cuyos mentores intelectuales residen a miles de kilómetros!
-No crea, hay imitadores y lacayos morando cerquita de aquella mítica esquina…

La imagen inferior corresponde a la tapa del suplemento especial dedicado a Raúl Scalabrini Ortíz, diario Democracia del 30 de mayo de 1962 y corresponde al óleo por el pintor Bourse Herrera, realizado especialmente para la ocasión. Por ser una joya de incalculable valor personal, el suplemento se guardó doblado y por eso sobre los ojos se observa una gruesa línea que no es otra cosa que las sombras del plegado


lunes, 9 de mayo de 2011

Un Flaco como cualquier otro, por José Pablo Feimann

Un Flaco como cualquier otro
Por José Pablo Feinmann
 
El Flaco se llama Néstor, como el Presidente. También podría decirse –sin faltar a la verdad– que el Flaco es el Presidente, porque el Flaco, desde el domingo 25 de mayo de 2003, es el Presidente de este país en que todos estamos y también él; nosotros como ciudadanos, él como Presidente. Pero cuando amaneció el 25 el Flaco todavía no era el Presidente. Le tenían que poner la banda, tenía que jurar, saludar a los granaderos, advertirles a los ministros que Dios y la Patria les iban a demandar algo que jamás le demandaron a nadie, así estamos. Entonces, volvemos: empieza el 25 y el Flaco todavía no es Presidente. Para colmo, le hicieron una trampa muy fea, tan fea como podía hacerla el Gran Tramposo, que se bajó del ballottage y lo bajó al Flaco del 70 por ciento al que, cómodo, llegaba. Porque el Flaco, además de Flaco, es alto, de modo que puede llegar al 70 por ciento y hubiera llegado si no fuera porque el Gran Tramposo, que, entre otras calamidades, es muy petiso, no se hubiera bajado, pero se bajó y no hay quién no sepa por qué, el Gran Tramposo se bajó porque cuando sus Amos le dicen “Suba”, él sube, y cuando le dicen “Baje”, él baja, y esta vez le tocó bajar. Tanto, que ya ni petiso es. Tanto, que lo enterraron. Porque de un petiso podrá decirse cualquier maldad menos una: que no ocupa algún espacio en la realidad, que un cacho del ser no le pertenece, por menguado que sea. Al Gran Tramposo, en cambio, nada, tanto lo bajaron que ya no se lo ve. Y creo que somos muchos los que queremos que siga así: ausente de la realidad durante algún tiempo. De aquí a la eternidad, digamos.
Volvemos al Flaco. Que, la sinceridad ante todo, no se había lucido durante la campaña electoral. Le decían mucho lo de Chirolita. Que Duhalde lo chiroleaba. Que era el Chirolita de Duhalde. Cosas así. Y el Flaco hablaba aquí, hablaba allá, hablaba donde podía, pero no lo escuchaban mucho. Para qué lo voy a escuchar al Flaco –pensaban todos–, si abre la boca y habla Duhalde, para eso lo escucho a Duhalde, que, por suerte, habla poco, ya que la juega de Prócer Prescindente o de Presidente en Tránsito. Y uno no escuchaba a nadie, ni a Duhalde ni al Flaco. Sin embargo, el Flaco lo necesitaba a Duhalde (y seguramente lo sigue necesitando, pero ésta es otra cuestión) porque el Gran Jefe Bonaerense tenía lo único que restaba de un país que se llamaba Argentina, tan hecho polvo, tan amainado que sólo le restaba un aparato, el duhaldista. Y ahí se montó el Flaco, ahí puso el pie, encontró un pedazo de la realidad. Lo menos que se le puede pedir a la realidad –se dijo– es que exista, y aquí ya no existe nada. Están los piqueteros y los asambleístas, de acuerdo. Pero los asambleístas existen porque les dejaron de existir los ahorros, no bien vuelvan los ahorros se van los asambleístas. Y los piqueteros existen pero como pura negación, existen como expulsión, marginación, desechos de un podrido sistema que no puede integrarlos. Hacen lo que pueden y lo hacen bien, pero yo, piensa el Flaco, quiero ser Presidente y ver si desde ahí puedo hacer algo por traerlos de nuevo a ese viejo y venerable circuito que ya no existe, el de la producción. De modo que el Flaco se pregunta qué tiene y tiene dos cosas: el frío patagónico y el aparato de Duhalde. Llega con esas dos cosas. Se banca lo de Chirolita y empuja. Por fin, gana. Pero por descarte. Gana porque el Otro, el Gran Embaucador, se va. O sea, el Flaco, que llegó como Chirolita, que llegó por medio de Otro, del Gran Caudillo Bonaerense, gana por defección de Otro, del Gran Embaucador. No soy yo, se dice. Soy un resultado. Llegué por Otro y gané por Otro. Llegué porque Otro me hizo llegar y gané porque Otro decidió huir. Entonces, en esta feroz encrucijada, el Flaco toma la decisión de su vida. Decide inventarse. Sabe, como el hombre sartreano, que es nada. Pero sabe que esa nada le abre el infinito, la tarea vertiginosa de ser sus posibilidades, de elegirse, de darse el ser. El Flaco, entonces, inventa al Flaco. (Que nadie crea, en este punto, que lareferencia a la ontología de Sartre es casual, que surgió porque sí. No, el Flaco es sartreano. Lo es, ante todo, porque tiene que inventarse, elegir, y, eligiéndose, darse el ser. Y también es, el Flaco, sartreano, porque como el Gran Virola francés, el Flaco es el Gran Virola argentino. Se le pianta un ojo. El mismo que al autor de la Crítica de la razón dialéctica, el derecho. Suele creerse que esto es un defecto, una carencia. Pero no, el Virola ve más que el pobre tipo que tiene los dos ojos para el mismo lado. El Virola, con un ojo, ve el Todo. Y con el Otro ve lo que el Todo tiene al Costado. O sea, ve el Todo y su Costado. Que alguien diga si puede ver tanto. Privilegio de pocos ver todo eso, ver el Todo y el Costado. Privilegio de grandes. Como Sartre. Como el Flaco.)
¿En qué momento empieza a inventarse, a crearse, a darse el ser el Flaco? Cuando el Gran Embaucador renuncia. Ahí se pone frente a un micrófono y dice: “Sólo este rostro nos faltaba conocerle: el de la cobardía”. Caramba, qué frase. Algo así no sale del aparato duhaldista. Los aparatos dan muchas cosas. Poder, por ejemplo. Pero no inteligencia, que es, siempre, más que el poder, ya que es su creación y no su mera acumulación burocrática. Después el Flaco va al programa de la Señora que Almuerza. Y la Señora que Almuerza le dice eso tan feo, lo del zurdaje que se viene. Y el Flaco le dice Señora, por esa frase, Señora, murieron treinta mil personas en este país. Y todos empiezan a decir El Flaco es Zurdo, qué Zurdo es el Flaco, qué Zurdaje se viene, cuánta razón tiene la Señora. Pero el Flaco sigue. Es posible conjeturar, aquí, que el Flaco está acostumbrado a que le digan zurdo.
Ahora es el 25. Y el Flaco hizo venir a cada gente, vea. Gente que, pongamos por caso, si ganaba López Murphy, no venía. Pero ganó el Flaco y vinieron. Fidel, Chávez, Lula, un horror. Una verdadera acumulación de zurdaje. Pero el Flaco los quería tener porque es afecto a los buenos recuerdos y dijo, después, en el discurso, que tenía algunos, algunos buenos recuerdos, el de la plaza del 25 de mayo de 1973, por ejemplo, la de Cámpora, Allende y Dorticós. Y dijo pertenezco a una generación diezmada. Y ahí –los que todavía no se habían dado cuenta, se dieron cuenta para siempre– ¡el Flaco es un Flaco de la Jotapé! El Flaco es un Flaco del setenta. Un Flaco de la izquierda peronista. Y si no, vean esa foto que aparece en los diarios: el Flaco, más flaco que ahora, como declinando en una silla, los brazos cruzados, escucha a dos o tres barbudos, circa 1972, en Río Gallegos, y los dos o tres barbudos son la imagen de la subversión, son perucas de izquierda de los más bravos, y por ahí el único que queda de esa foto es el Flaco, que los mira y aprende, y cree que del peronismo puede salir algo así como el socialismo, mirá vos las cosas en que creía el Flaco, si habrá sido joven, si habrá sido gil, creer eso, creer eso en lo que creyó la generación más revolucionaria de la historia de este país, la más castigada, la diezmada, como dijo el Flaco. Creer eso, creer que de un movimiento político con un general nazi a su frente podía salir la lucha de clases y la liberación nacional. Pero hay que comprender: el Flaco, en esos años, no leía a Uki Goñi sino a Fanon, a Cooke, a Jauretche, a Hernández Arregui. Y hasta, me juego, el Flaco leía la revista Envido, la única revista teórica que hizo la izquierda peronista, escrita, desde adentro, por flacos de la misma edad que el flaco, que eran, en ese entonces, tan flacos como él, y tan jóvenes y tan apasionados. Que eran, sin más, la izquierda peronista. Reducida después –por el canallismo ideológico de tantos canallas– a la mera historia de los Montoneros, y luego a la mera historia de Firmenich y Galimberti. Y luego al desprestigio y a la despolitización. Porque todos lloran por los desaparecidos pero olvidan en qué creyeron y por qué.
Y por fin, el domingo, el Flaco gana por goleada. Se come la cancha. Se mete a la gente en el bolsillo. Se hace querer. Se crea a sí mismo. Es un flaco como cualquier otro. Cruza hacia el Congreso. Jura. Juega con el bastón. Tiene el saco desabrochado. Y ahí está Lula. Y Castro. Y Chávez. Y el Flaco está feliz. Y con un ojo los mira a todos. Y con el otro, con el sartreano, de costadito la mira a Cristina.
Página 12, Sábado, 31 de mayo de 2003

Mirá y recordá la asunción del flaco, si no lagrimeás es porque como dice el tango: "no tenés sangre en las venas" (fdo don Singulario) http://www.youtube.com/watch?v=a1lmbP0ODOg